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La Mesa de Café

Los Chanos que tanto nos duelen

Adicciones y salud mental. El testimonio de la madre de "Chano" Charpentier en el Senado volvió a poner en foco un tema doloroso del que se habla poco.

31/05/2022 | 12:11

“Estoy acá porque soy la mamá de alguien que está enfermo con la enfermedad de la adicción. Y creo que es un privilegio que yo pueda tener esta voz hoy y voy a hablar en nombre de tantas mamás que me escriben, me piden por favor, me imploran que hable por ellas. Yo, lamentablemente todos saben lo que viví el año pasado, pero yo eso lo vivo hace 20 años. Mi hijo tiene 40 años y hace 20 años que sabemos que es adicto. Hace 20 años que damos esta batalla y que no tengo un sábado a la noche de paz, no puedo dormir con el teléfono apagado porque no sé qué va a pasar con mi hijo al día siguiente, porque no sé si cuando amanece va a estar vivo”.

La potencia del testimonio de Marina Charpentier cortó el aire no sólo en el Senado de la Nación, sino en los miles de televisores y celulares que viralizaron una historia que es la tantos otros en los diferentes rincones del país.

La larga sombra de las adicciones, una enfermedad de la que se habla poco y sobre la que se sufre mucho. Familias devastadas buscando un auxilio en medio de una impotencia colectiva que parece no tener retorno.

Marina Charpentier es la mamá del músico Santiago “Chano” Moreno Charpentier. Asumido como adicto, objeto de burlas en las redes por sus desencuentros urbanos en medio de sus crisis de consumo, hace casi un año un policía lo baleó en el estómago cuando el cantante aparentemente intentaba agredir a su madre en un country de Buenos Aires, tras otra ingesta fuerte de sustancias tóxicas. Ahora, está otra vez internado ante una nueva crisis de consumo.

La mujer participó este lunes de una jornada de reflexión y debate y solicitó una reforma en la Ley de Salud Mental, a 11 años de su reformulación.

“Creo que es la primera vez que escuchan a las madres. Vengo en representación de las madres. Las circunstancias hicieron que tenga voz. Muchas madres me han escrito y me han pedido que diga mi testimonio, en nombre de ellas y de todas las familias que luchamos contra esta enfermedad”, subrayó.

El reclamo principal apunta a cambiar el consentimiento que debe dar un adicto para ser internado. Las madres, que por lo general son quienes terminan acompañando un esfuerzo que desgasta y corroe a todo el núcleo familiar, aseguran que ese supuesto consentimiento sólo sirve para que el Estado se corra de su rol de protección.

“Una persona adicta tiene su voluntad tomada por la sustancia y no puede decidir con su sano juicio qué es lo bueno y lo malo para él”, subrayó Marina.

Entre otras valoraciones, la mujer también indicó que la marihuana lejos está de ser una sustancia inocua en todo este drama.

En Córdoba, los Chanos invisibles hace años que pululan en los márgenes sociales de la ciudad. Allí, a la vista de todos, aunque nadie pareciera hacerse cargo.

De cuna de bronce o de cartón, el drama del abuso de las drogas no distingue clases sociales. Hace tiempo que las cárceles de Córdoba están repletas de jóvenes sin estudios terminados, desocupados y adictos. Delincuentes, según el lenguaje penal. Para ellos, nunca hubo un debate sobre la ley de salud mental, ni una mirada sanitaria ni complacencia social: barrotes.

Es en los Tribunales penales donde los fracasos sociales terminan por decantar. Las cárceles se construyen con ladrillos de vergüenza: jóvenes desertores del sistema escolar, sin trabajo o empleados de manera precaria, adictos a las drogas que consiguen de manera más que fácil en sus barrios e hijos de familias numerosas a las que les cuesta mucho llegar a convertirse en clase media.

Una de estas historias se escuchó en la Mesa de Café de este martes. Una madre que hace más de una década que intenta rescatar a su hijo, que hoy tiene 33 años, del infierno del consumo de las drogas. "Creo que desde que cumplió los 18 años se ha pasado casi todo la vida en la cárcel", repite la mujer, mientras repasa una década perdida: acudió al Ipad, sacó de donde no tenía para pagar un tratamiento privado, se encontró con otras madres, pensaron en granjas alejadas y se chocaron con una misma realidad. La única respuesta constante del Estado, hasta ahora, es la cárcel. "Sólo me conformo con que me llame y me diga que está bien. Sé que en la cárcel, todo es el día a día, no mucho más. Y que allí ingresa mucha droga... yo creo que se sigue drogando", contó.

En su barrio, a unos 15 minutos del Centro, la droga hace estragos. Los puntos de venta se han ido multiplicando, las denuncia que ella y otros vecinos nunca encontraron eco y aquellos primeros narcos hoy tienen a sus hijos en autos pretenciosos ejecutando el mismo negocio ilegal, pero ya no clandestino: a la vista de todos.

Esta realidad se repite en las grandes urbes del país. Una encuesta del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA indicó que el 85 por ciento de los consultados considera que el consumo de drogas problemático se expandió en Argentina y que hoy es sencillo conseguir estupefacientes en los barrios.

Pese a esto, casi el 77 por ciento aseguró que esta realidad no es reflejada en el ámbito educativo, en el que se habla poco y nada de las drogas y las adicciones. En ese punto, el 83 por ciento respondió que cuando se habla de drogas no se habla, al mismo tiempo, de salud mental.

Es que el discurso público no logra en Argentina, por prejuicios, desconocimiento, pereza intelectual y anteojeras ideológicas, aunar en una misma descripción el consumo de drogas, las adicciones, la salud mental y el narcotráfico.

"Me cansé de hacer denuncias, pero nunca nadie ha tocado a los narcos de mi barrio", cuenta la mujer mientras su corazón vuelve a palpitar a un ritmo frenético. Se acerca la libertad de su hija, y ella sonríe y se entristece al mismo tiempo: será tiempo de volver a tenerlo, a abrazarlo, pero también es un resurgir de los temores más profundos: cárcel o un ataúd aparecen como horizontes posibles cuando todo el resto no da respuestas ante tanta insistencia de auxilio.

La especialista en adicciones Gabriela Richard sabe de qué se trata esta realidad. "La ley de salud mental ha demostrado en estos años algunas debilidades que deben ser revisadas. La principal de esa tiene que ver con el olvido de todo lo que tiene que ver con prevención. Al no hacer prevención a tempranas edades, han aumentado los casos por problemas de consumo de sustancias".

Es entonces que comienzan a aflorar todas las otras debilidades estructurales: "Con esta enorme incidencia de la problemática de adicciones, se ve la carencia de espacios de tratamientos y la dificultad de acceso a ellos. Y la necesidad de revisar los modos de ingresos a los espacios terapéuticos es clave, no sólo por imposición de la ley sino también en el acompañamiento de las familias que muchas veces no saben qué hacer. En definitiva, las familias están muy solas y no hay quien las acompañe y las oriente. Y las políticas públicas no deben olvidar que sin el acompañamiento familiar este problema no se resuelve y se sigue debilitando el entramado social".

La Mesa de Café.

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