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Mesa de Café

Fue enfermera de Malvinas y hoy vacuna a grupos de riesgo

Alicia Reynoso es parte del personal civil de la Fuerza Aérea y se encarga de vacunar a los vecinos de Grapschental, cerca de Paraná. "El día que no sienta el dolor de otros, dejaré mi oficio", dijo.

17/04/2020 | 15:09

Alicia Reynoso es enfermera de la Fuerza Aérea y en julio de este año espera jubilarse. Su historia es una sucesión de testimonios que le ponen la piel de gallina a cualquiera.

Empieza en 1982 cuando se desempeñó como enfermera en el hospital de campaña de Comodoro Rivadavia. Tenía 22 años y le tocó participar en uno de los hechos más sangrientos de la historia argentina: la Guerra de Malvinas.

“Recibimos a los heridos argentinos y a un prisionero de guerra inglés. Estábamos haciendo para lo que nos habíamos preparado fuera y dentro en la institución. Teníamos 2 años de antigüedad en la Fuerza Aérea y fuimos las primeras mujeres en entrar. Hicimos lo que nos salía del corazón. No teníamos experiencia, pero hicimos lo mejor que pudimos”, contó en Mesa de Café.

Junto con ella, había otras 13 mujeres -de entre 22 y 25 años- que se encargaban de recibir a los soldados, curarlos y contenerlos emocionalmente.

“Recuerdo que nos tomaban como madres, amigas y, si bien es cierto que venían con el dolor físico, era visible traían dolor en el alma y ahí es a donde teníamos que improvisar porque las heridas del cuerpo las habíamos aprendido de los libros".

La mujer tiene innato eso y nos salió el instinto. Muchos de los soldados que pasaron por ahí nos recuerdan y ese es el mayor premio que podemos tener

Recuerdos de Cascos Azules

A pesar de haber vivido ese momento tan especial, Alicia decidió seguir sumando anécdotas de película a su vida. Luego de haber renunciado a la carrera militar para poder casarse con su marido y de tener dos hijas, decidió anotarse en los Cascos Azules y viajar a Haití.

“Una vez que mis hijas crecieron, pude volver a ser la enfermera que siempre quise ser. Me anoté como Casco Azul y fui dos veces a Haití. Fue una experiencia increíble".

A mí me enseñó mucho a valorar muchas cosas simples: la salud, el agua y la risa

Por ser mujer

Esta historia, como la del resto de sus compañeras de Malvinas y de las Fuerzas Armadas, necesitaba un reconocimiento. En 2013, Alicia se puso en campaña para que ella y sus compañeras fueran reconocidas como Veteranas de Guerra.

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Para eso creó la página de Facebook “Nosotras también estuvimos”, que retrata con fotos e historias su paso por la guerra.

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“Nosotras decimos que abrir camino es difícil y qué caminito nos tocó… Un lugar a donde estaba organizado por y para hombres. Veníamos de un patriarcado y una violencia naturalizada pero bueno", explicó.

Yo creo que el ser mujer se aprende en la casa y no es necesario aprenderlo en otro lado. No solo hay que parecer, sino ser. Igualar desde el respeto, el compromiso y la actividad genuina

"Nosotras lo pudimos hacer sin ningún colectivo. Todavía nos atacan. No hay ningún colectivo que nos defienda. Quizás porque vestimos un uniforme que nos iguala”, dijo respecto a los grupos feministas.

Esta situación de lucha por el reconocimiento tuvo su punto más álgido el 9 de julio de 2018, cuando no las dejaron marchar junto al resto de los Veteranos.

“Esto demuestra que todavía existen personas que forman una institución como la Fuerza Aérea que todavía les falta por aprender en cuanto a la conducción y a la violencia de género".

Eso nos da la prueba que todavía sigue la violencia contra las mujeres

Sin embargo, Alicia se queda con lo bueno y recuerda el reconocimiento y la ovación que recibieron cuando finalmente pudieron marchar junto a sus compañeros.

“Me llamaron enfermeras de todos lados y me quedo con eso. No digo que es la Fuerza Aérea completa, digo que hay algunos hombres le cuesta. Ojalá que no estén ya y que los que estén, cambien su postura”.

Contra el coronavirus

En estos días, Alicia tiene 65 años y se desempeña como enfermera en Grapschental, una aldea muy cerca de Paraná, que fue fundada en 1886 por alemanes del Volga en la provincia de Entre Ríos.

Allí se encarga de la campaña de vacunación de las 50 familias que viven y que tienen gran cantidad de población anciana.

“Es una población pequeña y muy sana, pero como todos se vacunaron porque están preocupados y se ocupan de cuidarse y protegerse pese a que estamos en el medio del campo. Pasan camiones, tenemos una fábrica de quesos cerca y la preocupación es de todos. Lo que nunca lograba con la vacuna antigripal, sucedió este año: se vacunaron casi todos”.

Si bien en julio espera jubilarse, afirma que su vocación va a seguir como enfermera del barrio o del pueblo que le toque.

El día que yo no sienta o vea el dolor del otro, voy a decir que no soy más enfermera. Mientras siga viendo eso, orgullosamente voy a seguir siéndolo

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