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Una pesadilla de seis años

Tres años de prisión por acosar telefónicamente a una mujer

La abogada Romina Sueldo tuvo que cambiar de celular seis veces. El agresor la amenazaba con mensajes de índole sexual. La condena es de prisión efectiva con tratamiento psicológico y psiquiátrico

04/09/2019 | 16:04

Una abogada de Río Tercero sufrió durante seis años acoso por parte de un sujeto que pese a estar preso se las ingeniaba para conseguir su teléfono y enviarle mensajes violentos, con contenido sexual.

La pesadilla de Romina Sueldo comenzó en 2013 cuando se quedó sin batería en su celular y al estar embarazada solicitó ayuda a un hombre que se encontraba en la vía pública para poder contactar con su marido.

"Era albañil pero no estaba en una obra sino en la vía pública. Le pedí el teléfono y llamé a mi marido y como notó que era abogada me pidió mi teléfono para pedir mis servicios", relató Romina a Radioinforme 3.

"Me contactó luego de dos semanas aproximadamente por una cuestión laboral. Al no poder atenderlo, por mi embarazo inició el acoso", recordó.

Romina aseguró que comenzó a tener miedo de que concretara lo que decía. "Mandaba mensajes amenazantes de índole sexual y cambié el teléfono pero siempre se ocupaba de rastrearme, llamaba a familiares, amigos, compañeros de trabajo y hasta funcionarios judiciales", contó.

Este llegó a estar preso por robo y tenencia de estupefacientes para la comercialización, pero aun así se las ingenió para contactar permanentemente a Romina estando en la cárcel.

"Él mismo en su declaración dijo que compraba los chips dentro de Bouwer y que para él era muy fácil tener información y tenía contactos para tener los datos", agregó.

La letrada indicó que en su caso particular el delito se encuadró como "coacción reiterada y desobediencia de la autoridad". "En el artículo 149 bis determina que el delito se configura cuando una persona a través de amenazas -en este caso de índole sexual- le instiga miedo. A través del miedo él me obligaba a tolerar algo en contra de mi voluntad, a mí, a mí familia, a mi entorno", explicó.

"Incluso un dato relevante fue que cuando pasó de Bouwer a Río Tercero para notificarlo por la imputación de coacciones reiteradas, a los minutos volvió a llamar desobedeciendo la orden del fiscal", remarcó.

Romina contó que los mensajes eran "netamente repugnantes", pero igualmente se tuvo que cruzar con este hombre para defenderse y declarar ante la Justicia.

"Mientras yo declaraba lo tenía a mis espaldas y cuando yo me encontraba fuera de la sala y estaban los otros testigos declarando se daba vuelta y buscaba contacto visual", planteó.

El caso fue elevado a juicio y el juez José Argüello lo condena a tres años y cuatro meses de prisión efectiva con tratamiento psicológico y psiquiátrico. "Esto es lo que más me interesaba a mí porque en algún momento este sujeto va a salir y yo lo que más quería es que se tratara y su reinserción a la sociedad sea más normal comprendiendo la delictuosidad de sus actos", enfatizó.

En todo este tiempo, Romina tuvo que cambiar por lo menos seis veces su teléfono celular y hasta tuvo que pedir al Colegio de Abogados que no le den el número a más nadie, por lo que cada vez que alguien solicitaba sus servicios desde la organización la llamaban para pedirle autorización.

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